domingo, 14 de octubre de 2018

Cantamos, reímos, lloramos y volvimos a cantar. Esa noche los conocí tal como fueron, tal como eran, sin la tan fatídica y cotidiana máscara que esconde la intimidad de la existencia y el sufrimiento que promulga y deroga la misma vida. Conocí un momento que nunca volvió a repetirse, extraordinaria casualidad tan perfectamente sincronizada, de la que todos los ahí presentes pudimos dar cuenta de ella, tan única, como el efecto que tuvo en nuestra cabeza y así, cantamos, reímos, lloramos y volvimos a cantar...por una noche más, quizá la última, fuimos niños jugando a ser adultos...