sábado, 5 de diciembre de 2020

¡Ya estoy borracha puto!- Exlamó mi princesa mientras me volteaba a ver, levantando las manos, con ese orgullo con el que se celebra una meta cumplida.
-¿Tan pronto amor?- Le dije con sarcasmo, digo, después de 8 de cubas de Bacardi, algunos vasos de clericot, 2 shots, 1 cerveza, 3 horas y mucho entusiasmo, me sorprendía que siguiera articulando palabra alguna.
-Cállate! Y bésame!- Volvió a decir con su tiernisima voz. 
Me inclinaba pues para besarla en ese momento, cuando ella hizo una mueca y... Puaaaaj!! Mi camisa, mis pantalones, mi zapatos, mi dignidad... Otra visita al baño, un "trágame tierra" frente al espejo y a tratar de salir de ahí, pero evidentemente el ánimo de ella por quedarse era superior al ánimo mío de irnos y nos quedamos, ¿Que más podía hacer?. 
Poco había tomado yo aquella noche, había que manejar, estabamos en el cumpleaños de una amiga de ella. 
Vaya que era extraño ser el más sobrio de todo el lugar, nadie notaba mi hediondez entre tantos olores típicos de fiesta, parecía un mercado cualquiera, con unos gritando por aquí otros por allá, cada quien enalteciendo su producto: ellos mismos. Seguía viendo aquella escena con curiosidad, cuando la morra, mi morra, me jalaba bruscamente y sin previo aviso, me conducía a las escaleras. Yo simplemente pensaba que estará tramando esa cabecita intoxicada. Un azotón contra la pared, un escalón que se atraviesa y otro, pero llegamos al segundo piso, había un jarrón con naturaleza muerta a la derecha, digo había por que Maria pensó que sería un buen lugar para deshacerse de aquellas náuseas (días después se descubrió el hecho por el olor que producía y tiraron el jarrón). Inmediatamente después de eso Maria trato de besarme nuevamente. Fue ahí, mientras ella cerraba los ojos frente a mi, con su trompita parada que llegó a mi mente esa pregunta que decide el rumbo de una relación "¿¿¿realmente la quería???" La mire de frente, su cara todavía tenía un trozo de fruta pegado en la mejilla del clericot que tomamos al llegar. "a veces hay que ceder, no?" Me dije para mis adentros y la besé. Esto desató en ella la actriz porno que llevaba dentro, empujaba más fuerte, balbuceaba cosas al oído, imagino que pensó que sería sexy, aunque no le entendía mucho, prácticamente me arrastraba por el pequeño lobby que había ahí, me sorprendía la fuerza que tenía para tan pequeño ser, hasta que sus manos encontraron la perilla de una puerta, la abrió sin ver, se empezó a quitar la ropa y me arrastró hacia la cama, ella se acostó de espaldas, todo estaba oscuro.
-vam...s...hacerlo.- balbuceo ella, antes de quedarse dormida, "por fin se durmió!" Pensé aliviado. Pero mi tranquilidad poco duraría.
-¡¿quien chingados anda aquí?!- grito una voz ronca que encendió la luz.
Era el cuarto de los papás de la amiga de María. Y María ahí en medio de los dos tendida, semidesnuda y roncando. 
Rápidamente le puse la blusa, la cargué como un bulto para salir de ahí corriendo y así lo hicimos... mientras la acomodaba en el carro, veía a lo lejos que la fiesta había terminado.
A veces, ella todavía se pregunta por qué su amiga le dejó de hablar. Pero al menos quedó la anécdota, las risas y una princesa que me sostiene cuando las cosas van mal...