Si ¡ya follamos!, conocí la cara que jamás me mostraste, invertí en tus pecados hasta convertirme en uno de ellos, me sedujo el sonar del roce de tus piernas cada vez que las cruzabas, tu cabello recogido y las ganas de halarlo mientras jadeabas mi nombre...
Listo, ¡ya follamos! ¿Y ahora qué? ¿Encender un cigarrillo? ¿Destapar una cerveza? ¿Conducirte hacía la puerta y pedirte que te vayas? Decir, quizá, que te olvides de mi, que no tengo tiempo o simplemente mentir y decir que yo te llamaré... ¿Como puedo tratarte como las demás? Si conozco tus secretos y tu los míos, si nos hemos carcajeado hasta tarde por una buena broma, si lloraste en mi hombro cuando el mundo se derrumbaba, si me acogiste cuando no tenía a donde ir...Si solo a ti te puedo mirar de frente, directamente a los ojos y llamarte amiga...
Fué mágico, eso lo tengo que admitir, nuestros cuerpos entrelazados, sudorosos y cálidos, sin mucho que nos importase el mundo en ese momento y con todo, ese cuestionario incómodo pero constante invadió mi cabeza: "¿Y ahora qué? ¿Que digo? ¿Que hago? ¿Cómo pudo ocurrir?"... Y así, abrí los ojos, te vi, ahí, tendida junto a mi, con tus ojos claros, fijos en los míos, con un cierto brillo y un "¿Por que no puede ser?" impreso en tus pupilas...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario