domingo, 7 de agosto de 2016

El vaiven de la multitud, ríos de carne y hueso, yendo hacia ningún lugar en particular, vagan a la deriva a su ritmo, desquiciada y amante ciudad, por tus arterias te recorro cada tanto, oliendo el herdor que despiden tus avenidas y veo sus caras, su mirada puesta en algún lugar ¿que estará pensando tanta gente? jamás pienso que ellos quizá me analizan como yo a ellos, nunca eso, prefiero asombrarme, imaginarme como después de tantos años tantos siglos, tantas coincidencias, de tanta historia y pensamientos abstractos, tuvimos que toparnos en ese justo momento y cruzar miradas, me pregunto si la próxima vez que los vea los reconoceré, me pregunto si ellos harán lo mismo, que distintos somos, que paraísos llevamos a cuestas, todos luchando por un lugar dentro de esta revuelta y frenética pasarela. Me gustaría que ese momento se congelara y esa persona se parara a susurrarme al oído en que esta pensando, a donde va con tanta prisa, no por chismoso, sino por curioso, creo que somos arte en movimiento y a pesar de las diferencias, todos tenemos algo que nos une, una fatal enfermedad, tenemos el tiempo sobre nuestros hombros, bendita mortandad que llevamos consigo, digo, no puedo maldecirla ¿Que tan malo puede ser, si el Sol muere y renace cada 12 horas?

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