martes, 10 de enero de 2023

Es esa delgada línea la que separa mi realidad, de mi imaginación, en veces parecen reflejarse una a la otra como si de un espejo se tratara, en otras ocasiones una distorsiona la otra, un destinatario sin remitente ni dirección, mensajes que se ocultan debajo de la cama, en el armario o incluso en aquella cigarrera olvidada. Dejé que mi último cigarro se consumiera en ella y nunca más la volví a abrir. Todo cambió desde que aquellas pequeñísimas posibilidades anheladas por fin llegaron, desde que mi mente, alma y espíritu convergen en una sola materia para materializar en este plano físico lo que soy y puedo dar. No me da miedo ya la muerte, la vida, la pobreza, la riqueza, la soledad o el amparo, las abrazo como un viejo conocido que está de visita y nada más, por qué sé y entiendo que la vida que hoy vivo es solo un destello que se proyecta desde mi interior, un destello que me permite y concede, que llena de paz y alegría estos rincones que recorro, solo necesito decidirlo. Y es que el camino para entender esto nunca fue fácil, ni recto, hubo callejones sin salida, baches del tamaño de un auto y acantilados que solo necesitaban un salto de Fe. Doy gracias por que así fue el camino, pero también doy gracias por que tuve el carácter para recorrerlo. Ha llegado el momento de brillar y lo hago como un sol necesario para que la vida se abra paso. 

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