miércoles, 8 de febrero de 2023

Vivo en un sueño, en una metáfora humeante, en el hastío de la madrugada donde imprimo mis ideas y mis emociones, con los segundos que pasan logro recorrer cada fibra de mi ser con la esperanza de encontrar mi norte, de saberme vivo, de no entender y dejarme llevar por la corriente que me lleve hacia ningún lugar en particular, pero donde deba estar. Vivo y muero con cada oración que no dije, con los puntos suspensivos que no continuaron. Vivo de noche, de día. Vivo mientras duermo, mientras río,  mientras estoy aquí mirándole a los ojos aunque los míos estén cerrados, con sus labios y su nariz, con los besos que no voy contando. Vivo sin saber por qué lo hago, dejando entre abierta la ventana por dónde se cuela la luna y sus susurros, historias de amantes anónimos que se impregnan en mi imaginación, con sus colores, con destinos que se escribieron en papel y que se consumieron entre cenizas. Vivo para recordarme que con ella soy, somos, un resplandeciente destello que si bien es finito, terminará viajando por toda una eternidad en el vasto universo. Vivo para sentirme dichoso del momento en el que existo. Vivo en las caricias que le doy, intentando ser un tatuaje invisible que el tiempo no pueda borrar; En las sensaciones que siento cuando nos enredamos cómo el nudo de un pescador. Y es que después de estar entre el abismo y la soledad por tanto tiempo puedo decir que vivo...y si, es por ella. 

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