domingo, 12 de julio de 2020

Historias de media noche y una cerveza

Una noche de abril ella volvió, y con ella cierta brisa que pasa por dónde antes había cabello, con cierta tonada redundante que el tiempo lograr estirar en mi memoria y dejando cierta sonrisa que hacía mucho no percibía en el espejo.
Ella volvió en medio de una tormenta, quizá no del todo, quizá solo por instantes, pero volvió y mis dedos decidieron no callar más. Cómo cigarras emergieron para cantar de noche, de día, de tarde, para cantar de júbilo; de tristeza; de rabia; para contar la historia de uno, de dos, de cuatro, de todo aquel que se sume a la encomienda. 
Ella volvió con una cerveza que mis manos entibian conforme se aumenta la apuesta semana tras semana, con sus ojos grandes como platos puestos sobre la estela que los minutos van dejando. 

<<Siempre fuimos anónimos, pero jamás extraños, aunque a veces distantes.>>

Ella volvió como promesa que necesitaba ser cumplida, abriendo brechas que se balancean entre el recuerdo y la imaginación. Con sus muletillas y muecas, pequeños despertares de la humanidad que habita en mi.
Ella simplemente volvió, aunque yo le dije que ya no lo hiciera, ya no más... 

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